26 de noviembre de 2025 Lectores: 54

Esta medida pone fin a su actividad industrial local. La operación se concentrará en ventas y servicio, con el compromiso de garantizar el abastecimiento. Esto implica que la empresa pasará a importar todos los electrodomésticos, accesorios y repuestos.
Según la compañía, la decisión se enmarca en un proceso global de revisión de estructuras productivas. Busca «redefinir nuestra huella regional de cadena de suministro» y fortalecer la competitividad.
En declaraciones a LA NACION, Whirlpool mencionó la confluencia de «varios los motivos, internos y externos». Señalaron esfuerzos por reducir costos y mejorar procesos frente a productos importados, sumado a la caída en el consumo. Pese a este repliegue, la firma aseguró que «la continuidad en la Argentina no está en revisión» a nivel comercial.
Giro Estratégico Tras Inversión de US$50 Millones
El cese productivo ocurre tres años después de la inauguración de la planta de Pilar, en la que se había invertido US$50 millones. El objetivo de la inversión era asegurar el acceso a dólares para la importación.
La fábrica tenía una capacidad de producción de 300.000 lavarropas al año, con el 70% proyectado para exportación. En su inicio, empleaba a 460 trabajadores de manera directa.
En 2024, la compañía ya había iniciado reconfiguraciones. En mayo de ese año, Whirlpool anunció el recorte de un turno de producción y la reducción de 60 puestos de trabajo, buscando adaptar su programa al entorno y concentrar la fabricación en un único turno.
En resumen, el anuncio marca un abrupto giro estratégico, especialmente al considerar la reciente y millonaria inversión en la planta de Pilar. La información proporcionada confirma el fin de la producción y la desvinculación de 220 empleados, reorientando la filial argentina al modelo de importación y comercialización.
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